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sábado, 3 de noviembre de 2012

LA RUTA DE LA SEDA II

Una de las necesidades básicas del ser humano es adornarse y diferenciarse de los demás mediante objetos bellos, y la seda y su elaboración artística encaja perfectamente con ello. La seda se convirtió en uno  de los primeros atributos de la posición social, primero en China, y más tarde en todo el mundo antiguo, entre el Asia oriental y Roma.
Con la seda comienza la civilización. Marcó una primera forma de capitalismo, pues no es solo una muestra exterior de la riqueza de los que la llevan, sino que la seda también es capital, la primera divisa, la primera mercancía convertible entre Este y Oeste. Es equiparable al oro, y junto con la seda pasa de ser  casi el único adorno para los muertos, a serlo  también de  los vivos más privilegiados. El oro, la seda y las piedras preciosas conformaron una trinidad que desde entonces condecora y embellece a los humanos. También aparece una variante en el equilibrio del antiguo orden social : la moda.
La moda está estrechamente relacionada con la producción de seda, ya que es la tela que posibilita constantes cambios de colores y diseños, la lana  y algodón en esa época eran menos adecuados para el cambio en las modas.
La seda encantaba nada más verla, y así aumentó la necesidad de poseerla y llevar muchas variedades de ésta. Producía un efecto mágico sobre los que la veían, efecto que despertó una necesidad a satisfacer aun a costa de salvar grandes impedimentos. La seda china despertó los anhelos de Occidente, y con ellos la consecuente e imperiosa demanda. Así se creó el primer esbozo del sistema capitalista.
Los deseos expansionistas hacia el oeste por parte de las diferentes dinastías chinas, y los mismos deseos de expansión hacia el este de  los emperadores romanos, supuso el contacto y conocimiento recíproco. Esto generó una actuación agresiva y belicosa por ambas partes, que al final condujo  a la organización de la actividad más pacífica (aunque no exenta de peligros): el comercio universal, que une pueblos y países.
El ver y conocer lo desconocido, que conduce al deseo de poseerlo, es el preludio de las relaciones internacionales, el  comienzo de embajadas, expediciones, búsquedas de contacto, también de atracos y robos, y finalmente -en un estadio más avanzado-, del comercio.
Primero fue el trueque de artículos y después el comercio con un sistema monetario acordado, donde la moneda no sólo era el oro y el dinero, sino, como en nuestro  caso, también la seda u otras mercancías codiciadas.
Antes de que el comercio se convirtiera en una rama de la economia del país,  las familias chinas dirigentes adquirian y ampliaban sus posesiones y cualquier novedad digna de despertar asombro, sin importar la manera de conseguirlo. A pesar de que los comerciantes de seda contribuían a aumentar las arcas del estado, mediante la exportación, durante mucho tiempo tuvieron prohibido llevar vestiduras de seda.
 Los chinos querían pagar lo menos posible por las mercancías importadas, y a menudo utilizaban la violencia para conseguirlas. Por ejemplo el carro, inventado en la antigua Mesopotamia, posiblemente el primero que vieron era parte de un botín de guerra, e inmediatamente fue reproducido e incorporado como mercancía de lujo para la corte china. Los animales de tiro, los caballos, tampoco provenian de la China central, se conocían en el Oeste, y principalmente en el Norte, eran el medio de transporte vivo de uno de los pueblos enemigos eternos de los chinos, los Hiun-nu.
El carro y el caballo eran también atributos de riqueza, y junto con las joyas y la seda eran los símbolos de poder que impresionaban al pueblo.
Así comenzó lo que hasta nuestros días es la demostración exterior del poder mundial o espiritual mediante el ceremonial cortesano o religioso.
 En China, y más tarde en el imperio Bizantino, la ostentación jugó un papel importantísimo en la representación estatal.  La seda era tela objeto de culto y reforzaba el rango y dignidad del emperador, también en las ceremonias religiosas, procesiones, etc., era utilizada  como tapicería de los carros, a modo de trono celestial, o como estandartes y sombrillas de honor de brillantes colores, adornados con figuras sagradas. Esto daba una imagen de espectacular colorido y el pueblo quedaba impresionado de una manera imborrable.
Algunas telas y colores, aún después de la gran difusión de la seda, siguieron siendo privilegio de la corte. El color amarillo era color exclusivo imperial, privilegio que duró hasta el siglo XX. También el corte de las vestiduras estaba sujeto al rango y al tipo de acontecimiento al que se acudiera. Por ejemplo, la emperatriz debía llevar un un traje sencillo de color negro en el templo de los antepasados, y las otras mujeres debían llevarlo violeta.
Toda la coloración estaba concentrada hacia el centro, hacia el trono y su inmediato entorno, y esto  expresaba de manera simbólica que el   emperador era el  retrato vivo del punto central de la Tierra .

Continuará.....                                                                    

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